Itinerario: Arquitectura Comercial
de Antonio Palacios

El prestigio que proporcionaron a Palacios los proyectos del Palacio de Comunicaciones y el Hospital de Jornaleros de Maudes se tradujo en una serie de encargos que trasladarían su obra hacia el centro comercial y financiero de Madrid, situado en los aledaños de la Puerta del Sol y Alcalá y que posteriormente se extendería por la recién inaugurada Gran Vía.

Con el Banco Español del Río de la Plata (1910-1918), Antonio Palacios inicia su incursión en el mundo de la arquitectura comercial, que coincide también con su alejamiento de las influencias neoplaterescas para adentrarse en un formalismo clásico de órdenes gigantes y cerramientos de cristal, combinado con estructuras metálicas y plantas organizadas en torno a patios acristalados que dan lugar a amplios espacios diáfanos.

Este mismo modelo seguiría en sus edificios de locales comerciales y oficinas, como la Casa Comercial Palazuelo y la Casa Matesanz, o en el Banco Mercantil e Industrial, en los que muestra su conocimiento de la arquitectura norteamericana, especialmente en el campo estructural y en la incorporación de nuevos materiales.

Obras del Itinerario Arquitectura Comercial

Palacio de Comunicaciones (1904-1919) Plaza de Cibeles

Ante la complejidad que estaban alcanzando las redes de telecomunicaciones y el incremento de usuarios, en 1904 el Estado convocó un concurso para la construcción de un nuevo edificio que albergase los servicios de correos y telégrafos en un solar perteneciente a los desaparecidos Jardines del Buen Retiro. De todos los proyectos participantes, resultó ganador el presentado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, dos jóvenes arquitectos que no superaban entonces los 30 años de edad. Su propuesta destacaba por saber conjugar la monumentalidad y el carácter simbólico que debía caracterizar a un edificio institucional con la distribución funcional y racionalista de los espacios. Con la colocación de la primera piedra el 12 de septiembre de 1907 quedaban inauguradas las obras, que no finalizarían hasta 1918.

El edificio impresiona por sus dimensiones, que cubren una superficie de 12.207 m2, y por su imponente formalización externa que combina influencias historicistas, especialmente del Neoplateresco, con referencias estilísticas del Modernismo, la arquitectura norteamericana y la Secession vienesa que Palacios acierta a reelaborar e integrar creando un conjunto homogéneo. Destaca su gran fachada principal de piedra caliza que se adapta al trazado circular de la plaza mediante el juego de volúmenes que consigue con las dos torres pentagonales que la flanquean y con las dos alas laterales que se proyectan, una hacia la calle de Alcalá y otra hacia el Paseo del Prado, en la que se abre un pórtico con columnas. Corona el edificio un cimborrio octogonal provisto de un reloj que, al igual que el resto de cuerpos verticales, remata en una crestería con pináculos.

En el interior Palacios despliega un programa basado en la organización espacial y la moderna concepción estructural. Divide las dependencias en dos cuerpos, uno orientado hacia la plaza de Cibeles, destinado a albergar las funciones de gestión y operaciones, y otro ubicado en la parte posterior, destinado a la dirección y administración. Ambos están separados por el denominado pasaje de Alarcón, un corredor que comunica la calle de Alcalá con Montalbán cuyas entradas están decoradas con arcos carpaneles. En uno de sus extremos el pasaje se abre formando un amplio patio que estuvo destinado a alojar el parque móvil de reparto.

Uno de los espacios más interesantes es el vestíbulo principal, al que se accede desde el exterior por una grandiosa escalinata. Con planta cruciforme, tres niveles de arquerías de medio punto y cubierta acristalada, su diseño está inspirado en el Palacio de Cristal del Retiro, obra del que fuera maestro de Antonio Palacios, Ricardo Velázquez Bosco. En este espacio estaban ubicados los servicios de Correos, Telégrafos y Teléfonos; mientras que en la denominada Sala de Batalla se organizaba el reparto de la correspondencia.
Desde su inauguración el Palacio de Comunicaciones se convirtió en epicentro del Madrid «moderno» que durante las siguientes décadas se levantaría en tono a la Gran Vía y el eje Recoletos-Castellana. Su aspecto catedralicio le valdría el popular sobrenombre de Nuestra Señora de las Comunicaciones y con el tiempo llegaría a ser uno de los principales iconos de la ciudad. El edificio mantuvo su uso como principal centro del servicio telegráfico y postal en España hasta comienzos del siglo XXI. Durante ese período de tiempo se realizaron en su interior algunas reformas destinadas a optimizar el espacio y actualizar unas instalaciones que tenían que atender las demandas de un mayor número de usuarios que comenzaría a decrecer con la aparición de nuevas formas de comunicación interpersonal.

En el año 2003 el inmueble fue adquirido por al Ayuntamiento de Madrid y desde 2007 es la actual sede de la alcaldía. Para adaptarlo a sus nuevos usos se llevó a cabo un ambicioso proceso de remodelación que incluyó la creación de nuevos espacios de uso público, como varias salas de exposiciones y un auditorio, y la colocación de una cubierta de cristal sobre el pasaje de Alarcón y el antiguo aparcamiento de furgonetas. El proyecto permitió recuperar algunos elementos arquitectónicos originales, como las vigas de hierro, en cuyo diseño colaboró Ángel Chueca Sainz, los suelos acristalados de las pasarelas que recorren el vestíbulo principal o el tragaluz y los volúmenes de la antigua Sala de Batalla, hoy transformada en Salón del Pleno. Asimismo ha permitido poner en valor buena parte de su decoración, como los azulejos de la casa Manuel Ramos Rejano o los motivos escultóricos que Ángel García Díaz realizó tanto para el interior como para la fachada. 

Banco Español del Rio de la Plata (1911-1918) Calle Alcalá, 49

Antonio Palacios recibe el encargo de proyectar el edificio del Banco Español del Río de la Plata en 1910, momento en el que, junto con su amigo y socio Joaquín Otamendi, se hallaba inmerso en la construcción de dos de sus obras más emblemáticas: el Palacio de Comunicaciones y el Hospital de Jornaleros de Maudes. Para la construcción de su sucursal madrileña la entidad bonaerense había adquirido un solar ubicado en la confluencia de la calles Alcalá y Barquillo, en el que estaba situado el palacio de los marqueses de Casa-Irujo, célebre además por haber albergado en sus bajos el Café Cervantes. Las obras se iniciaron en 1911 y se prolongaron hasta 1918.

El edificio tiene planta cuadrangular, con cuatro alturas más un sótano, un semisótano y un ático coronado por una cúpula de vidrio que proporcionaba luz cenital al interior. La planta baja constituía el elemento principal, en el que se encontraba el gran patio de operaciones y las cajas y mostradores en los que se atendía a los clientes. Las plantas superiores estaban destinadas a despachos y salones de reuniones, distribuidos perimetralmente en torno a los corredores que rodeaban el patio central.

La racional distribución de los espacios interiores contrasta con la grandiosa monumentalidad del exterior; una constante en la obra de Antonio Palacios que en esta ocasión pretendía subrayar la solidez y el poder de la entidad bancaria y al mismo tiempo no desmerecer en un entorno en el que se levantaban edificios como el palacio de Linares, el palacio de Buenavista, el Banco de España o el mismo Palacio de Comunicaciones.

Sus fachadas evidencian el interés de Palacios por la arquitectura clásica, alimentado tras sus viajes por Grecia y Egipto, al tiempo que recogen las influencias tanto de Juan de Villanueva, de cuya obra era un gran admirador, como de su maestro Ricardo Velázquez y Bosco, responsable del diseño neoclásico de la fachada occidental del Casón del Buen Retiro. Ambas se disponen en forma de espejo a partir del eje que configura el chaflán, de manera que tienen un trazado idéntico. Sobre un zócalo de grandes dimensiones se eleva una serie de columnas jónicas estriadas hasta alcanzar la altura del cuerpo principal, alternando con vanos acristalados. Sobre el entablamento se levanta un segundo cuerpo, retranqueado, con columnas corintias pareadas formando un pórtico, tras el que se oculta la cúpula acristalada interior. En el chaflán se encuentra la entrada principal, flanqueada por cuatro cariátides esculpidas en piedra por Ángel García Díaz, responsable también de los detalles ornamentales de inspiración vienesa que decoran la fachada.
Entre 1944 y 1947, año en que se produce la fusión con el Banco Central,  se llevaron a cabo en el interior diversas reformas que alteraron el diseño original Palacios, como el cierre del patio en el nivel principal para ampliar la superficie útil de la primera planta. En esa misma época se acondicionó el sótano para alojar cámara de seguridad y se llevó a cabo la  ampliación del edificio con la adquisición del inmueble colindante en la calle Barquillo.

En la década de los noventa del pasado siglo, tras una serie de movimientos que darían lugar a la creación del Banco Santander Central Hispano, el edificio entra en desuso, destinándose únicamente a reuniones del consejo y relaciones institucionales. En el año 2000 es adquirido por el Ayuntamiento de Madrid que lo incluyó en la operación de cambio de inmuebles para trasladar el consistorio al Palacio de Comunicaciones y desde octubre de 2007 es la sede central del Instituto Cervantes.

Antigua Casa Comercial Palazuelo (1920-1921) Calle Mayor, 4 – Arenal, 3

La Casa Comercial Palazuelo es un proyecto que Antonio Palacios realiza en 1919 por encargo de Demetrio Palazuelo, para el que había ya construido en 1911 un edificio de viviendas en la calle de Alcalá. Se trata de uno de los primeros edificios comerciales de Madrid inspirados en la arquitectura de Chicago y de otras grandes ciudades norteamericanas, con el que Palacios desarrolla un modelo compositivo que retomará poco después en la Gran Vía. 

Fue construida sobre el solar que ocupó el palacio de los condes de Oñate, derribado en 1913 a consecuencia de los desperfectos sufridos tras dos incendios. El edificio tiene dos fachadas, una en el número cuatro de la calle Mayor y otra en el tres de Arenal, ambas de idéntico trazado. Consta de tres cuerpos horizontales, uno principal de mayor tamaño y dos laterales, más estrechos, que proporcionan una sensación de simetría y esbeltez. Un primer tramo vertical que ocupa la planta baja y el entresuelo está destinado a alojar locales comerciales. Remata en un balcón que ocupa toda la fachada pero que se segmenta en los cuerpos laterales, formando dos pequeños balcones de perfil ovalado sostenidos por ménsulas con triglifos. El cuerpo central está dividido por una serie de columnas corintias pareadas entre las que se distribuyen varios miradores de hierro y cristal. Por encima de éste se sitúa un entablamento en el que se alternan pilastras son ménsulas y vanos de cristal decorados con dos pequeñas columnas de orden jónico. El edificio remata en un ático retranqueado flanqueado por dos torreones.

Se accede al interior por un portal situado en uno de los cuerpos laterales. El elemento principal es el patio central en forma de V, con suelo de mármol y baldosas de vidrio,  del que parte una escalera imperial que rodea de forma ascendente los dos ascensores y recorre las cinco plantas del edificio. Las tres primeras disponen de un corredor de perfil ondulado en torno al hueco central, con barandillas de forja y pasamanos dorados, de inspiración modernista. En la cubierta, una amplia vidriera proporciona luz cenital al patio, creando un conjunto de gran plasticidad.

El edificio formaba parte de un gran proyecto que abarcaba toda la manzana y que, a su vez, estaba incluido en la propuesta urbanística de Antonio Palacios para la reforma de la Puerta del Sol. Con ella pretendía crear en el centro de Madrid un espacio representativo con construcciones monumentales basadas en la reelaboración de modelos clásicos, dotado de un innovador sistema de pasos peatonales elevados y acristalados que pudieran ser utilizados como terrazas. Sin embargo, la Casa Matesanz fue el único inmueble de este proyecto que llegó a construirse, finalizando las obras en 1922. Hoy, casi un siglo después sigue desempeñando la función original para la que fue concebido, albergando en su interior comercios, despachos y oficinas.

Banco Mercantil e Industrial (1942-1945) Calle Alcalá, 31

El edificio del Banco Mercantil e Industrial es la última gran obra que realiza Antonio Palacios en Madrid. Los orígenes de esta  entidad se remontan a 1931, cuando un grupo de industriales liderados por Rafael Salgado Cuesta deciden la creación de un organismo que contribuyera a financiar las actividades industriales madrileñas, que por entonces comenzaban a experimentar un notable incremento. Unos años después deciden trasladar su oficina de la Gran Vía a la calle Alcalá, donde estaban instaladas las sedes centrales de las principales entidades financieras españolas.

En 1933 Palacios comienza a trabajar en el proyecto, que sufrirá algunas variaciones hasta que las obras comienzan definitivamente en 1942 y finalizan en 1945, año de su fallecimiento. Considerado por muchos el primer gran edificio de la posguerra madrileña, en él se aprecia la evolución que experimenta su arquitectura. Aunque no renuncia a la utilización de los órdenes clásicos, prácticamente abandona los motivos ornamentales que decoraban las fachadas de sus obras anteriores  e incorpora nuevos materiales, como el  pavés y el acero inoxidable.

El edificio tiene dos fachadas, una muy sencilla y discreta en la calle Caballero de Gracia, 32 y otra mucho más monumental en Alcalá 31. En esta última repite el esquema de alzado tripartito, con un primer tramo en el que se levantan dos gigantescas pilastras coronadas por un arco en el segundo cuerpo,  mientras que en el tercero repite el esquema empleado en el Banco Español de Río de la Plata, con un ático porticado con columnas que protege la bóveda central. La sensación que imprime Palacios al edificio es la de un gran arco triunfal, del que sobresale un gran mirador de acero inoxidable y cristal, dispuesto a modo de tribuna sobre la entrada principal.

El alzado a Caballero de Gracia recibe un tratamiento distinto, más expresionista, que organiza la planta en torno a un patio exterior. La  fachada está formada por dos cuerpos simétricos y convexos entre los se ubica una portada de características muy similares a las del próximo Oratorio de del Caballero de Gracia, con la que pareciese querer dialogar.
El interior está organizado sobre una nave larga y estrecha a modo de lonja, de unos 60 metros de largo y 14 de altura que hacía las funciones de patio de operaciones. Consta de tres tramos, uno central y dos laterales y está cubierto por una gran bóveda de pavés que proporcionaba abundante luz cenital diurna. Bóvedas y arcos de mármol con elementos de bronce y dos grandes lámparas araña  constituyen lo más destacado de los acabado y la decoración interior.

El Banco Mercantil e Industrial fue absorbido en 1977 por el Banco de Santander, que llevó cabo alguna actuaciones para acondicionar las instalaciones en 1986. Sin embargo, la intervención más importante fue la realizada en 2002, en las que se modificaron los núcleos de comunicación y se construyó una pasarela entre los cuerpos laterales de Caballero de Gracia, como parte de las reformas acometidas para albergar diversas oficinas administrativas y el espacio expositivo Sala Alcalá 31, pertenecientes a la Comunidad de Madrid, actual propietaria del inmueble.

Edificio Matesanz (1921-1923) Gran Via, 27

Ubicado en el número 27 de la Gran Vía, el edificio Matesanz fue un encargo directo que realizaron en 1919 los hermanos Antolín y Jacinto Matesanz a Antonio Palacios para la construcción de una casa comercial que albergara tiendas, oficinas y despachos de alquiler. Se edificó en el mismo solar en el que había estado ubicada en el siglo XVI la vivienda que Juan de Herrera construyó para el escultor italiano Giacomo Trezzo, conocido en España como Jacome Trezzo y que dio nombre a una de las calles sobre parte de cuyo trazado se levantó el segundo tramo de la Gran Vía.

El encargo coincide con la construcción de la Casa Comercial Palazuelo, un trabajo de análogas características que Antonio Palacios estaba ejecutando entre las calles Mayor y Arenal. Debido a que algunos elementos contravenían las ordenanzas municipales en materia de urbanismo, se vio obligado a realizar algunas modificaciones sobre el proyecto original, lo que retrasó el comienzo de las obras hasta el año 1921, finalizando el 1 de octubre de 1923.

Para su diseño se inspira en edificios similares de Norteamérica y realiza una distribución vertical en la que destina el subsótano a alojar los servicios generales de calefacción, maquinaria y almacén; el  sótano para dos locales comerciales; seis plantas diáfanas para que los ocupantes los adapten a sus necesidades, y los dos últimos niveles los reparte en catorce despachos con sus respectivas antesalas de espera y dos aseos comunes. Destaca el vestíbulo central, un patio de planta circo circoagonal y estructura metálica que se extiende en altura hasta la séptima planta, donde remata en una falsa cubierta de cristal. En el fondo se sitúa una escalera imperial de traza ovalada y en los laterales dos ascensores exentos.

El exterior presenta el típico alzado de tres cuerpos. El primero de ellos enlaza la planta baja con el segundo entresuelo mediante un conjunto de pilastras de granito rematadas en ménsulas con triglifos que sostienen un balcón que recorre las tres fachadas del edificio. El segundo cuerpo se articula en esbeltas pilastras jónicas que culminan en grandes arcos semicirculares y entre las cuales asoman unos miradores de acero y cristal. Finalmente, el último tramo comienza con un nuevo balcón corrido sobre el que se disponen dos plantas retranqueadas, en la última de las cuales emergen dos torreones. Las esquinas redondeadas, el empleo de materiales como el cristal y el acero en los miradores, o la cerámica en los motivos ornamentales, son algunos de los detalles modernos que Palacios introduce en el edificio Matesanz.

A lo largo de su historia el edificio ha sufrido diversas obras de remodelación y acondicionamiento para albergar diversos tipos de actividades que fueron alterando su aspecto original, fundamentalmente el zócalo y las pilastras. Sus plantas comerciales estuvieron ocupadas por inquilinos populares, como la sastrería Mata Hermanos, el Café Spiedum, local de inspiración inglesa célebre por sus billares, su asador de pollos y sus terrazas de verano, o los Almacenes Quirós, firma de punto y confección que contaba con varias sucursales en Madrid. Más recientemente, en 1995, el director Alex de la Iglesia rodó algunas escenas de la película El Día de la Bestia en el vestíbulo central.


 Imprimir PDF