Itinerario: Arquitectura Doméstica
de Antonio Palacios

A pesar de no gozar del mismo reconocimiento que sus edificios institucionales y comerciales, la arquitectura doméstica de Antonio Palacios ocupa un lugar destacado en el conjunto de construcciones que se levantaron en Madrid durante las primeras décadas del siglo XX y que contribuyeron a definir el nuevo paisaje urbano, especialmente en las zonas del Ensanche. En ella puso de manifiesto su capacidad para satisfacer las demandas sociales y familiares surgidas a comienzos del siglo, adaptando sus proyectos a las necesidades de cada cliente y al entono en que se ubicaban.

A lo largo de su dilatada trayectoria profesional Palacios alternó los proyectos de residencias para clases acomodadas con los de viviendas funcionales. Las primeras se caracterizan por su mayor monumentalidad formal y por contar con una distribución interior que destinaba más y mayores espacios a la vida pública. Dentro de esta tipología destacan la casa palacio de los condes de Bugallal en la plaza de Cánovas del Castillo, el edificio de Demetrio Palazuelo en la calle Alcalá, el edificio para Tomás Rodríguez en la calle Villamejor o las viviendas de doña Luisa Rodríguez en el paseo de la Castellana.

Por el contrario, en las viviendas funcionales, destinadas a la clase media, Palacios potencia el espacio destinado a la vida íntima y familiar, eliminando dependencias como despachos, gabinetes y  recibidores. Tal es el caso de las viviendas construidas por encargo del doctor  Emilio Rey en la calle Viriato, que contaban con tres viviendas por planta frente a las dos que caracterizan a las anteriores y que presentan un diseño formal mucho más sencillo, próximo a las corrientes racionalistas.

Obras del Itinerario Arquitectura Doméstica

Viviendas para los Condes de Bugallal (1913-1914) Plaza Cánovas del Castillo, 4

En 1913 Gabino Bugallal y Araujo, conde de Bugallal, encarga a Antonio Palacios la construcción de su residencia principal en un solar situado en una esquina de la plaza de Cánovas del Castillo. Palacios proyecta un edificio acorde a la proyección social de su propietario, figura de renombre en el escenario político madrileño, combinando una distribución funcional que responda a las nuevas necesidades domésticas, con un diseño formal que armonizase con el entorno aristocrático y monumental en que se ubica.

En el exterior despliega una variedad de recursos y formas tomadas de la tradición arquitectónica que reelabora a partir de la incorporación de nuevos materiales. Emplea piedra natural para los zócalos, que crecen por el entresuelo hasta el cuerpo principal, construido con gruesos muros de ladrillo que alternan con líneas verticales de miradores acristalados. En el encuentro entre la calle Cervantes con la plaza de Cánovas del Castillo la fachada se suaviza formando un chaflán de perfil convexo, al que se adapta una nueva línea de miradores con cristal curvo, sostenidos por pilastras cajeadas. Sobre el cuerpo principal se ubica el ático, decorado con diversos motivos ornamentales de piedra artificial y con un balcón semicircular abalaustrado en la esquina.

A la hora de proyectar el edificio, Palacios prestó especial atención a que la altura general  de la cornisa no superase la del edificio inmediato, el hotel Palace, «por creer que en las grandes plazas monumentales en rotonda es preciso más que en ningún otro conjunto urbano establecer una perfecta armonía en las alturas, por el deplorable efecto que en caso contrario produciría el conjunto de edificios sin correlación alguna». Sin embrago, optó por coronar el edificio con un torreón de ángulo, con columnas y arcos de medio punto, rematado con pináculos y crestería. Este planteamiento no solo contribuía a romper la monotonía, sino que además le permitía entroncar con la tradición arquitectónica nacional mediante formas y volúmenes que recordaban al palacio de Monterrey, en clara sintonía con el Neoplateresco con el que ya había experimentado en el cercano Palacio de Comunicaciones.

Respecto a la distribución interior, todas las plantas contaban con dos viviendas que estaban destinadas al alquiler, excepto la principal que estaba enteramente ocupada por la residencia particular del conde de Bugallal. Cada vivienda estaba estructurada siguiendo un mismo patrón que situaba primero las zonas de recibo (hall, salón, comedor), luego los dependencias privadas (dormitorios, cuarto de baño, lavabos), a continuación la cocina y finalmente las zonas destinadas al servicio y criados. La planta baja contaba además con entrada de carruajes,  plaza de garaje, varios cuartos de servicio y un local para tienda. En ella estaba el vestíbulo principal y un patio con escalera monumental y ascensor por los que se accedía a las diferentes plantas. Existía además un segundo patio situado en el externo opuesto a la entrada, con otra escalera y un montacargas para el servicio.

En 1929, tan solo quince años después de su construcción, el edificio fue adquirido por la Compañía de seguros La Sud América.  Se llevó a cabo una reforma que, si bien mantuvo la estructura original del inmueble, enterró los planteamientos formales de naturaleza historicista concebidos por Palacios. Los miradores fueron sustituidos por ventanas, desaparecieron las balaustradas de la terraza, se eliminaron los remates del torreón y las fachadas se revistieron con mortero y se decoraron con pilastras cajeadas y cornisas de piedra artificial. El edificio aún sufriría posteriores transformaciones, la última de las cuales  tuvo lugar recientemente para albergar las instalaciones de un hotel, pero ninguna de ellas ha servido para devolverle su aspecto original.

Casa palacio Palazuelo (1908-1911) Calle Alcalá, 54

En 1908 Antonio Palacios recibe el primer encargo del industrial Demetrio Palazuelos Maroto, en este caso para construir un edificio de viviendas en un solar situado en la esquina de la calle Alcalá con Alfonso XI, muy próximo al Palacio de Comunicaciones en el que se encontraba trabajando por aquel entonces. En este proyecto desarrolla un esquema compositivo que posteriormente utilizaría como modelo en la serie de viviendas señoriales que construyó en los años siguientes.

Las fachadas se organizan según la división tradicional en zócalo, cuerpo principal y ático. La planta baja, además de contener el vestíbulo principal, se dedica a locales comerciales, el entresuelo a oficinas y las demás plantas a residencias de alquiler, a razón de dos viviendas por planta. La comunicación se realizaba a través de dos escaleras, una principal que rodeaba a un ascensor, y otra secundaria, destinada al servicio.

La distribución de cada una de las viviendas atendía a las necesidades de la clase acomodada a la que estaban destinadas, derivadas de su intensa vida social y profesional. Por este motivo se orientaba hacia el exterior la zona de recibo, compuesta por salón, despacho o gabinete, recibidor y comedor, todos ellos articulados en torno al hall. Hacia el patio interior principal se ordenaban los espacios dedicados a la vida íntima y familiar, que en este caso comprendían cinco dormitorios más vestidores, boudoir, aseos y baños, y finalmente,  en el extremo opuesto a la parte destinada a la vida pública se situaban las dependencias de servicio, como la cocina, la despensa y los dormitorios y baños de los criados, que recibían la luz y ventilación del patio secundario.

El exterior se caracteriza por su lenguaje depurado, de resonancias clasicistas, en el que se aprecia la influencia del secesionismo vienés. Las fachadas están decoradas con estuco a la catalana, sobre guarnecido de cemento, en imitación de piedra caliza y entre los motivos ornamentales sobresalen las formas equiláteras de las molduras y los pináculos de las cornisas. El encuentro entre las calles de Alcalá y Alfonso XI se resuelve con un  chaflán sobre el que se disponen grupos de tres miradores por planta, coronados por un torreón octogonal que refuerza la verticalidad del conjunto. Llama especialmente la atención que este torreón esté cubierto por una mansarda de pizarra, un elemento propio del eclecticismo francés, muy diferente del estilo Neoplateresco que caracteriza a las torres del Palacio de Comunicaciones y que también utilizará en la casa del Conde de Bugallal.

Antiguo Hotel Alfonso XIII (1921-1924) Gran Vía, 34

Se trata de un proyecto encargado originalmente por Martín Lago al arquitecto José Yarnoz Larrosa para levantar un edificio de oficinas y viviendas con once plantas. Tras haber sido denegada la licencia de obras y realizar las oportunas correcciones en los planos, Yarnoz abandona los trabajos, siendo sustituido por Antonio Palacios, quien realiza nuevas modificaciones para adaptar el edificio a usos hoteleros.

Su distribución interior, pero sobre todo su alzado, con un gran zócalo comercial, columnas gigantes de orden clásico, miradores de cristal y un doble cuerpo de ático retranqueado y flanqueado por dos torreones, siguen el planteamiento adoptado por Palacios en otras obras del mismo período, como el Banco Español del Río de la Plata o la más contemporánea Casa Matesanz.  En la actualidad sus bajos comerciales están ocupados por una conocida cadena de ropa, mientras que el resto de plantas pertenecen al Hotel Tryp Cibeles.

Edificio de Viviendas Luisa Rodríguez Arzuaga (1915-1916) Calle Marqués de Villamejor, 1

Este edificio fue construido por encargo de doña Luisa Rodríguez Arzuaga para albergar viviendas de alquiler. Las obras se llevaron a cabo entre 1915 y  1916 pero, como era habitual en muchos proyectos de Antonio Palacios, no pudo ser ocupado hasta 1919 por sobrepasar la altura máxima permitida por las ordenanzas municipales.

La fachada muestra una equilibrada combinación de elementos verticales, como ventanas y miradores, con la horizontalidad de cornisas y balaustradas. El interior se articula en torno a un patio circular que se proyecta verticalmente hasta  formar un torreón cilíndrico con linterna en la azotea, en cuya esquina se levanta un torreón de planta hexagonal con pináculos que se adapta al perfil del chaflán. Cada planta estaba distribuida en dos viviendas, excepto la principal, que ocupaba una sola. A modo de anécdota, cabe señalar que entre los inquilinos que habitaron este edificio estuvo Francisco Franco, quien vivió en él en diferentes etapas entre 1926 y 1935.

Edificio de Viviendas (1905) Calle Marqués de Villamejor, 3

Uno de los primeros trabajos que completaron Antonio Palacios y Joaquín Otamendi es este edificio de viviendas burguesas construido por iniciativa del empresario leonés Tomás Rodríguez. En él Palacios ya da muestras de su increíble talento para resolver la distribución de los espacios y la composición de los alzados. Sobre un zócalo de granito se levanta el cuerpo central, con fábrica de ladrillo revocado. La primera planta está recorrida por un balcón abalaustrado, que reduce sus dimensiones en los siguientes niveles hasta transformarse en seis balcones individuales de hierro forjado en el tercer piso; todo flanqueado  por dos cuerpos laterales con miradores acristalados. Remata el edificio en un ático retranqueado con dos torreones y azotea a la catalana.

El acceso al inmueble se realiza desde un portal  con una ingeniosa entrada circular para carruajes. Cada planta contiene dos viviendas dispuestas de forma simétrica a las que se accede desde el vestíbulo por una escalera helicoidal que rodea al ascensor. Los elementos ornamentales, tanto del interior como de la fachada, suponen la más clara aproximación de Palacios a la estética modernista, que además combina con detalles inspirados en la secesión vienesa.

Edificios de viviendas (1923-1924) Calle Viriato, 20 y 22

En la calle Viriato, 20 se encuentra uno de los pocos acercamientos a la arquitectura moderna que realizó Antonio Palacios. En línea, en cierto modo, con las ideas planteadas por Van der Rohe y Gropius de crear bloques asilados, en los que cada vivienda gozase de iguales condiciones higiénica, Palacios construye un edificio exento formado por dos bloques unidos por el zócalo comercial y la primera planta en el que desaparece el patio interior como elemento articulador.

En la fachada desaparece cualquier atisbo de ornamentación, apostando por un nuevo lenguaje expresivo basado en la fuerza de los volúmenes. Combina con maestría la horizontalidad de barandillas y balaustradas de los balcones con la línea ascendente que trazan los miradores. Especialmente original es la ubicación del cuerpo de ascensores en el patio abierto que forman ambos bloques, patio que permite aprovechar la luz y ventilación directas.

En la finca adyacente, en el número 22, se levanta otro edificio proyectado por Palacios, con  un esquema diferente al anterior, pero con similares planteamientos de sencillez y racionalidad. Traslada la fachada hacia el patio de manzana, situando en la frontal de la calle un patio ajardinado. La única pared medianera queda ubicada en una de las esquinas posteriores del bloque colindante, lo que permite aprovechar la luz directa y prescindir de patios interiores. El acceso a las plantas se realiza por las escaleras situadas en el cuerpo octogonal  que se levanta en la fachada principal hasta rematar en un torreón.


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