Banco del Río de la Plata
 de Antonio Palacios

Antonio Palacios recibió el encargo de proyectar el edificio del Banco Español del Río de la Plata en 1910. Para su construcción la entidad bonaerense había adquirido un solar ubicado en las calles Alcalá y Barquillo, iniciándose las obras en 1911 y finalizando en 1918.
El edificio tiene planta cuadrangular, con cuatro alturas más un sótano, un semisótano y un ático coronado por una cúpula de vidrio que proporcionaba luz cenital al interior. La planta baja constituía el elemento principal, en el que se encontraba el gran patio de operaciones y las cajas y mostradores para los clientes. Las plantas superiores estaban destinadas a despachos y salones de reuniones, distribuidos perimetralmente en torno a los corredores que rodeaban el patio central.

La racional distribución de los espacios interiores contrasta con la grandiosa monumentalidad del exterior, una constante en la obra de Palacios que en esta ocasión pretendía subrayar la solidez y el poder de la entidad bancaria.

Las fachadas evidencian su interés por la arquitectura clásica, así como la influencia de Juan de Villanueva, y de su maestro Ricardo Velázquez Bosco. Sobre un zócalo de grandes dimensiones se eleva una serie de columnas jónicas estriadas hasta alcanzar la altura del cuerpo principal, alternando con vanos acristalados. Sobre el entablamento se levanta un segundo cuerpo, retranqueado, con columnas corintias pareadas formando un pórtico, tras el que se oculta la cúpula acristalada interior. En el chaflán se encuentra la entrada principal, flanqueada por cuatro cariátides esculpidas en piedra por Ángel García Díaz.

Entre 1944 y 1947, año en que se produce la fusión con el Banco Central, se llevaron a cabo en el interior diversas reformas, como el cierre del patio en el nivel principal para ampliar la superficie útil de la primera planta. En esa misma época se acondicionó el sótano para alojar la cámara de seguridad y se amplió el edificio con el inmueble colindante de la calle Barquillo.

En la década de los noventa del pasado siglo, tras una serie de movimientos que darían lugar a la creación del Banco Santander Central Hispano, el edificio entra en desuso, destinándose únicamente a reuniones del consejo y relaciones institucionales.

En el año 2000 es adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, que lo incluyó en la operación de cambio de inmuebles para trasladar el consistorio al Palacio de Comunicaciones. Desde octubre de 2007 es la sede central del Instituto Cervantes.