Itinerario: Imprescindibles
de Antonio Palacios

Antonio Palacios irrumpió en el panorama madrileño de comienzos del siglo XX con una serie de obras que lo consagrarían como una de las figuras más importantes de la arquitectura moderna. Bajo el epígrafe «Imprescindibles» hemos seleccionado aquellos edificios más importantes y significativos de su dilatada trayectoria profesional, como son el Palacio de Comunicaciones, el Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula o el Círculo de Bellas Artes. Se trata  de construcciones que pueden catalogarse como singulares, puesto que responden a tipologías edilicias que no tuvieron continuidad en su obra, pero también porque son las que mejor resumen las características de su arquitectura.

Por este último motivo no podían faltar en esta selección el Banco Español del Río de la Plata, la casa palacio del Conde Bugallal y la Casa Comercial Palazuelo, como ejemplos representativos de la arquitectura comercial y doméstica que desarrolló Palacios. Además, todos estos edificios tienen en común su excepcional ubicación, ya sea en grandes plazas como Cibeles y Cánovas del Castillo, en calles de importancia histórica y artística como Mayor, Alcalá y  Gran Vía, o en un contexto aislado que favorece su contemplación como es el caso del Hospital de Jornaleros en la calle Maudes.

Obras del Itinerario Imprescindibles

Palacio de Comunicaciones (1904-1919) Plaza de Cibeles

Ante la complejidad que estaban alcanzando las redes de telecomunicaciones y el incremento de usuarios, en 1904 el Estado convocó un concurso para la construcción de un nuevo edificio que albergase los servicios de correos y telégrafos en un solar perteneciente a los desaparecidos Jardines del Buen Retiro. De todos los proyectos participantes, resultó ganador el presentado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, dos jóvenes arquitectos que no superaban entonces los 30 años de edad. Su propuesta destacaba por saber conjugar la monumentalidad y el carácter simbólico que debía caracterizar a un edificio institucional con la distribución funcional y racionalista de los espacios. Con la colocación de la primera piedra el 12 de septiembre de 1907 quedaban inauguradas las obras, que no finalizarían hasta 1918.

El edificio impresiona por sus dimensiones, que cubren una superficie de 12.207 m2, y por su imponente formalización externa que combina influencias historicistas, especialmente del Neoplateresco, con referencias estilísticas del Modernismo, la arquitectura norteamericana y la Secession vienesa que Palacios acierta a reelaborar e integrar creando un conjunto homogéneo. Destaca su gran fachada principal de piedra caliza que se adapta al trazado circular de la plaza mediante el juego de volúmenes que consigue con las dos torres pentagonales que la flanquean y con las dos alas laterales que se proyectan, una hacia la calle de Alcalá y otra hacia el Paseo del Prado, en la que se abre un pórtico con columnas. Corona el edificio un cimborrio octogonal provisto de un reloj que, al igual que el resto de cuerpos verticales, remata en una crestería con pináculos.

En el interior Palacios despliega un programa basado en la organización espacial y la moderna concepción estructural. Divide las dependencias en dos cuerpos, uno orientado hacia la plaza de Cibeles, destinado a albergar las funciones de gestión y operaciones, y otro ubicado en la parte posterior, destinado a la dirección y administración. Ambos están separados por el denominado pasaje de Alarcón, un corredor que comunica la calle de Alcalá con Montalbán cuyas entradas están decoradas con arcos carpaneles. En uno de sus extremos el pasaje se abre formando un amplio patio que estuvo destinado a alojar el parque móvil de reparto.

Uno de los espacios más interesantes es el vestíbulo principal, al que se accede desde el exterior por una grandiosa escalinata. Con planta cruciforme, tres niveles de arquerías de medio punto y cubierta acristalada, su diseño está inspirado en el Palacio de Cristal del Retiro, obra del que fuera maestro de Antonio Palacios, Ricardo Velázquez Bosco. En este espacio estaban ubicados los servicios de Correos, Telégrafos y Teléfonos; mientras que en la denominada Sala de Batalla se organizaba el reparto de la correspondencia.
Desde su inauguración el Palacio de Comunicaciones se convirtió en epicentro del Madrid «moderno» que durante las siguientes décadas se levantaría en tono a la Gran Vía y el eje Recoletos-Castellana. Su aspecto catedralicio le valdría el popular sobrenombre de Nuestra Señora de las Comunicaciones y con el tiempo llegaría a ser uno de los principales iconos de la ciudad. El edificio mantuvo su uso como principal centro del servicio telegráfico y postal en España hasta comienzos del siglo XXI. Durante ese período de tiempo se realizaron en su interior algunas reformas destinadas a optimizar el espacio y actualizar unas instalaciones que tenían que atender las demandas de un mayor número de usuarios que comenzaría a decrecer con la aparición de nuevas formas de comunicación interpersonal.

En el año 2003 el inmueble fue adquirido por al Ayuntamiento de Madrid y desde 2007 es la actual sede de la alcaldía. Para adaptarlo a sus nuevos usos se llevó a cabo un ambicioso proceso de remodelación que incluyó la creación de nuevos espacios de uso público, como varias salas de exposiciones y un auditorio, y la colocación de una cubierta de cristal sobre el pasaje de Alarcón y el antiguo aparcamiento de furgonetas. El proyecto permitió recuperar algunos elementos arquitectónicos originales, como las vigas de hierro, en cuyo diseño colaboró Ángel Chueca Sainz, los suelos acristalados de las pasarelas que recorren el vestíbulo principal o el tragaluz y los volúmenes de la antigua Sala de Batalla, hoy transformada en Salón del Pleno. Asimismo ha permitido poner en valor buena parte de su decoración, como los azulejos de la casa Manuel Ramos Rejano o los motivos escultóricos que Ángel García Díaz realizó tanto para el interior como para la fachada. 

Banco Español del Rio de la Plata (1911-1918) Calle Alcalá, 49

Antonio Palacios recibe el encargo de proyectar el edificio del Banco Español del Río de la Plata en 1910, momento en el que, junto con su amigo y socio Joaquín Otamendi, se hallaba inmerso en la construcción de dos de sus obras más emblemáticas: el Palacio de Comunicaciones y el Hospital de Jornaleros de Maudes. Para la construcción de su sucursal madrileña la entidad bonaerense había adquirido un solar ubicado en la confluencia de la calles Alcalá y Barquillo, en el que estaba situado el palacio de los marqueses de Casa-Irujo, célebre además por haber albergado en sus bajos el Café Cervantes. Las obras se iniciaron en 1911 y se prolongaron hasta 1918.

El edificio tiene planta cuadrangular, con cuatro alturas más un sótano, un semisótano y un ático coronado por una cúpula de vidrio que proporcionaba luz cenital al interior. La planta baja constituía el elemento principal, en el que se encontraba el gran patio de operaciones y las cajas y mostradores en los que se atendía a los clientes. Las plantas superiores estaban destinadas a despachos y salones de reuniones, distribuidos perimetralmente en torno a los corredores que rodeaban el patio central.
La racional distribución de los espacios interiores contrasta con la grandiosa monumentalidad del exterior; una constante en la obra de Antonio Palacios que en esta ocasión pretendía subrayar la solidez y el poder de la entidad bancaria y al mismo tiempo no desmerecer en un entorno en el que se levantaban edificios como el palacio de Linares, el palacio de Buenavista, el Banco de España o el mismo Palacio de Comunicaciones.

Sus fachadas evidencian el interés de Palacios por la arquitectura clásica, alimentado tras sus viajes por Grecia y Egipto, al tiempo que recogen las influencias tanto de Juan de Villanueva, de cuya obra era un gran admirador, como de su maestro Ricardo Velázquez y Bosco, responsable del diseño neoclásico de la fachada occidental del Casón del Buen Retiro. Ambas se disponen en forma de espejo a partir del eje que configura el chaflán, de manera que tienen un trazado idéntico. Sobre un zócalo de grandes dimensiones se eleva una serie de columnas jónicas estriadas hasta alcanzar la altura del cuerpo principal, alternando con vanos acristalados. Sobre el entablamento se levanta un segundo cuerpo, retranqueado, con columnas corintias pareadas formando un pórtico, tras el que se oculta la cúpula acristalada interior. En el chaflán se encuentra la entrada principal, flanqueada por cuatro cariátides esculpidas en piedra por Ángel García Díaz, responsable también de los detalles ornamentales de inspiración vienesa que decoran la fachada.
Entre 1944 y 1947, año en que se produce la fusión con el Banco Central,  se llevaron a cabo en el interior diversas reformas que alteraron el diseño original Palacios, como el cierre del patio en el nivel principal para ampliar la superficie útil de la primera planta. En esa misma época se acondicionó el sótano para alojar cámara de seguridad y se llevó a cabo la  ampliación del edificio con la adquisición del inmueble colindante en la calle Barquillo.

En la década de los noventa del pasado siglo, tras una serie de movimientos que darían lugar a la creación del Banco Santander Central Hispano, el edificio entra en desuso, destinándose únicamente a reuniones del consejo y relaciones institucionales. En el año 2000 es adquirido por el Ayuntamiento de Madrid que lo incluyó en la operación de cambio de inmuebles para trasladar el consistorio al Palacio de Comunicaciones y desde octubre de 2007 es la sede central del Instituto Cervantes.

Círculo de Bellas Artes de Madrid (1921-1926) Calle Alcalá, 42

La sede del Círculo de Bellas Artes de Madrid es uno de los edificios más emblemáticos del eje Gran Vía – Alcalá y principal escenario de la agitada vida cultural e intelectual que se desarrolló en  la capital durante el siglo XX. Su construcción comenzó en 1921, dos años después de que los propios socios de la institución votaran a favor del proyecto presentado por Antonio Palacios a concurso y que el jurado previamente había desestimado por sobrepasar la altura municipal permitida. Este hecho contribuyó en buena parte a que las obras se demoraran más de lo previsto, hasta que intervino el gobierno con un decreto por el que lo declaraba Centro de Protección de las Bellas Artes y de Utilidad Pública.

El proyecto de Palacios supuso una ruptura con la convencional tipología constructiva de los casinos culturales y recreativos que proliferaron en España durante el siglo XX, generalmente organizados en torno a patios o galerías. En el Círculo de Bellas Artes opta por un diseño vertical, inspirado en parte en los grandes rascacielos americanos, en el que cada planta presenta diferente volumetría y reduce su escala a medida que el edificio gana altura. Sobre un gran zócalo, que se corresponde con el nivel de entrada, se levanta el cuerpo principal, recorrido por una serie de columnas pareadas de orden gigante que se convierten en triglifos a partir del entablamento. El cuerpo del ático está retranqueado, lo que proporciona espacio para situar una terraza con extraordinarias vistas a la ciudad, al tiempo que le permite jugar con las formas geométricas e introducir un volumen semicilíndrico, en un nuevo guiño al neoclasicismo. Corona el edificio un prominente torreón rematado por un escalonamiento.

A diferencia de otros edificios proyectados por Palacios, el interior del Círculo de Bellas Artes no está articulado en torno a un gran patio central. El acceso a los diferentes niveles se realiza por una escalera imperial de doble tiro situada en un extremo del vestíbulo principal, en el patio de manzana, del que aprovecha la luz natural a través de unos ventanales con vidrieras. Cada planta está destinada a unos usos concretos, tal como recogía el programa de necesidades reflejado en la memoria. Así, en la planta baja estaban el vestíbulo, una sala de exposiciones y un mirador; el entresuelo estaba destinado a pequeños espacios de ocio y un mirador, mientras que la planta principal albergaba el salón de baile, decorado por imponentes columnas corintias y una gran cúpula central. En el primer ático estaba la biblioteca y en el segundo la sala de reuniones de la junta directiva. En este mismo nivel se encuentra la hoy denominada «Sala de Columnas», originalmente dedicada a los juegos de azar; actividades que mientras estuvieron permitidas contribuyeron a financiar la deuda contraída por la institución durante las obras de construcción del edificio. Finalmente, en las plantas de terrazas se emplazaban las cocinas, comedores y estudios de Bellas Artes. Completaban las instalaciones del Círculo algunos elementos verdaderamente modernos para la época, como la piscina con columnas cerámicas y bancos a modo de triclinios que estaba situada en el sótano.

Durante sus años de existencia el edificio apenas ha cambiado su imagen exterior. Es especialmente significativa la gran estatua de Minerva, diosa de las artes, que se erige en la azotea, esculpida en bronce por Juan Luis Vassallo en 1964. A finales del pasado siglo se llevaron a cabo diversas obras de remodelación y acondicionamiento para albergar las diferentes actividades que habitualmente se organizan en sus instalaciones, como exposiciones, talleres, conferencias, representaciones teatrales o proyecciones cinematográficas, generalmente abiertas al público. Solo el acceso a determinadas zonas permanece restringido exclusivamente a los socios.

Hospital de Jornaleros (1909-1916) Calle Maudes, 17

El Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula nace por iniciativa de Dolores Romero y Arano, viuda de Curiel y Blasi, quien, movida por las corrientes filantrópicas de la época y el interés por extender la sanidad entre las clases más desfavorecidas, encarga a Antonio Palacios su construcción en un solar situado junto al antiguo Paseo de Ronda –en la actual calle de Raimundo Fernández Villaverde–. Las obras se inician en 1909 y concluyen en 1916.

Palacios, que vuelve a contar con la colaboración de Joaquín Otamendi, diseña el hospital tomando como modelo el tradicional esquema de planta cruciforme, sobre el que introduce las oportunas variaciones para adaptarlo a los requerimientos de la práctica de la medicina moderna. El resultado es un conjunto de construcciones en las que apuesta por la funcionalidad y la distribución racional de los espacios, pero sin renunciar a la monumentalidad que caracteriza su obra.

El elemento central del inmueble lo constituyen los pabellones para enfermos, cuatro naves con amplias galerías abiertas dispuestas en diagonal y rematadas en dos cuerpos laterales coronados por sendos torreones, que se articulan desde un patio ambulatorio de forma octogonal. Esta solución no solo favorecía la circulación entre dependencias, sino que además permitía aprovechar las máximas posibilidades de iluminación y ventilación. La entrada se realizaba desde la calle Maudes, donde estaba ubicado el pabellón administrativo y de servicios generales al que se accedía por una escalinata que desembocaba en un gran patio. En uno de los laterales, orientado hacia la calle Treviño, se situaba el edificio de consultas y cirugía, que comunicaba con la segunda planta del cuerpo central mediante una pasarela metálica acristalada, mientras que en el extremo opuesto se encontraba el pabellón de aislamiento, el único elemento que por su función no estaba conectado con la galería general.

Todo el conjunto se encuentra rodeado por jardines, a los que Palacios otorga una especial relevancia, pensando en la influencia positiva que podían ejercer en el estado anímico de los enfermos. Este mismo razonamiento explica la ubicación del mortuorio y la sala de autopsias en un lugar oculto a la vistas desde el edificio principal, junto a uno de los laterales del muro perimetral que delimita el solar.
Otra importante innovación que introduce es el emplazamiento de la iglesia. Si en la tradición arquitectónica hospitalaria ocupaba el lugar central, Palacios decide trasladarla al extremo norte, con acceso directo en la calle Raimundo Fernández Villaverde. El aspecto monumental de su fachada y la silueta de sus prominentes torres recuerdan al Palacio de Comunicaciones, proporcionando al conjunto una mayor sensación de verticalidad. En su interior destacan las vidrieras de la casa Maumejean Hermanos, detalle ornamental que puede interpretarse como un acercamiento al Modernismo.

El Hospital de Jornaleros es posiblemente la obra más completa de Antonio Palacios y también la que mejor refleja el espíritu ecléctico y contradictorio de su arquitectura. A pesar de su acentuado carácter metropolitano, en él se adivinan algunos de los signos que definirán su etapa regionalista, como evidencia el uso de la piedra, apenas sin labrar, en las fábricas y el empleo de materiales cerámicos, como los azulejos creados por Daniel Zuloaga o los paneles realizados por Manuel Ramos Rejano para los revestimientos interiores.

Inaugurado en 1917, el hospital fue incautado en 1936 y destinado a atender a los heridos del bando republicano durante la guerra civil. Posteriormente fue utilizado como hospital militar hasta 1970, momento en el que fue abandonado, iniciando un proceso de decadencia. En 1984 todo el inmueble, a excepción de la iglesia, fue adquirido por la Comunidad de Madrid para albergar la sede de la Consejería de Transportes, Vivienda e Infraestructuras. Con la finalidad de adaptar las instalaciones a sus nuevas funciones, se llevaron a cabo importantes obras de reforma y rehabilitación que permitieron recuperar algunos elementos originales y destinar los espacios anexos a biblioteca y sala de exposiciones.

Antigua Casa Comercial Palazuelo (1920-1921) Calle Mayor, 4 – Arenal, 3

La Casa Comercial Palazuelo es un proyecto que Antonio Palacios realiza en 1919 por encargo de Demetrio Palazuelo, para el que había ya construido en 1911 un edificio de viviendas en la calle de Alcalá. Se trata de uno de los primeros edificios comerciales de Madrid inspirados en la arquitectura de Chicago y de otras grandes ciudades norteamericanas, con el que Palacios desarrolla un modelo compositivo que retomará poco después en la Gran Vía. 

Fue construida sobre el solar que ocupó el palacio de los condes de Oñate, derribado en 1913 a consecuencia de los desperfectos sufridos tras dos incendios. El edificio tiene dos fachadas, una en el número cuatro de la calle Mayor y otra en el tres de Arenal, ambas de idéntico trazado. Consta de tres cuerpos horizontales, uno principal de mayor tamaño y dos laterales, más estrechos, que proporcionan una sensación de simetría y esbeltez. Un primer tramo vertical que ocupa la planta baja y el entresuelo está destinado a alojar locales comerciales. Remata en un balcón que ocupa toda la fachada pero que se segmenta en los cuerpos laterales, formando dos pequeños balcones de perfil ovalado sostenidos por ménsulas con triglifos. El cuerpo central está dividido por una serie de columnas corintias pareadas entre las que se distribuyen varios miradores de hierro y cristal. Por encima de éste se sitúa un entablamento en el que se alternan pilastras son ménsulas y vanos de cristal decorados con dos pequeñas columnas de orden jónico. El edificio remata en un ático retranqueado flanqueado por dos torreones.

Se accede al interior por un portal situado en uno de los cuerpos laterales. El elemento principal es el patio central en forma de V, con suelo de mármol y baldosas de vidrio,  del que parte una escalera imperial que rodea de forma ascendente los dos ascensores y recorre las cinco plantas del edificio. Las tres primeras disponen de un corredor de perfil ondulado en torno al hueco central, con barandillas de forja y pasamanos dorados, de inspiración modernista. En la cubierta, una amplia vidriera proporciona luz cenital al patio, creando un conjunto de gran plasticidad.

El edificio formaba parte de un gran proyecto que abarcaba toda la manzana y que, a su vez, estaba incluido en la propuesta urbanística de Antonio Palacios para la reforma de la Puerta del Sol. Con ella pretendía crear en el centro de Madrid un espacio representativo con construcciones monumentales basadas en la reelaboración de modelos clásicos, dotado de un innovador sistema de pasos peatonales elevados y acristalados que pudieran ser utilizados como terrazas. Sin embargo, la Casa Matesanz fue el único inmueble de este proyecto que llegó a construirse, finalizando las obras en 1922. Hoy, casi un siglo después sigue desempeñando la función original para la que fue concebido, albergando en su interior comercios, despachos y oficinas.

Casa palacio Palazuelo (1908-1911) Calle Alcalá, 54

En 1908 Antonio Palacios recibe el primer encargo del industrial Demetrio Palazuelo Maroto, en este caso para construir un edificio de viviendas en un solar situado en la esquina de la calle Alcalá con Alfonso XI, muy próximo al Palacio de Comunicaciones en el que se encontraba trabajando por aquel entonces. En este proyecto desarrolla un esquema compositivo que posteriormente utilizaría como modelo en la serie de viviendas señoriales que construyó en los años siguientes.

Las fachadas se organizan según la división tradicional en zócalo, cuerpo principal y ático. La planta baja, además de contener el vestíbulo principal, se dedica a locales comerciales, el entresuelo a oficinas y las demás plantas a residencias de alquiler, a razón de dos viviendas por planta. La comunicación se realizaba a través de dos escaleras, una principal que rodeaba a un ascensor, y otra secundaria, destinada al servicio.

La distribución de cada una de las viviendas atendía a las necesidades de la clase acomodada a la que estaban destinadas, derivadas de su intensa vida social y profesional. Por este motivo se orientaba hacia el exterior la zona de recibo, compuesta por salón, despacho o gabinete, recibidor y comedor, todos ellos articulados en torno al hall. Hacia el patio interior principal se ordenaban los espacios dedicados a la vida íntima y familiar, que en este caso comprendían cinco dormitorios más vestidores, boudoir, aseos y baños, y finalmente,  en el extremo opuesto a la parte destinada a la vida pública se situaban las dependencias de servicio, como la cocina, la despensa y los dormitorios y baños de los criados, que recibían la luz y ventilación del patio secundario.

El exterior se caracteriza por su lenguaje depurado, de resonancias clasicistas, en el que se aprecia la influencia del secesionismo vienés. Las fachadas están decoradas con estuco a la catalana, sobre guarnecido de cemento, en imitación de piedra caliza y entre los motivos ornamentales sobresalen las formas equiláteras de las molduras y los pináculos de las cornisas. El encuentro entre las calles de Alcalá y Alfonso XI se resuelve con un  chaflán sobre el que se disponen grupos de tres miradores por planta, coronados por un torreón octogonal que refuerza la verticalidad del conjunto. Llama especialmente la atención que este torreón esté cubierto por una mansarda de pizarra, un elemento propio del eclecticismo francés, muy diferente del estilo Neoplateresco que caracteriza a las torres del Palacio de Comunicaciones y que también utilizará en la casa del Conde de Bugallal.


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