Palacio de Comunicaciones
 de Antonio Palacios

El Estado convocó en 1904 un concurso para la construcción de un edificio que albergase los servicios de correos y telégrafos en un solar perteneciente a los desaparecidos Jardines del Buen Retiro. Resulta ganador el proyecto presentado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, ninguno de los cuales superaba entonces los 30 años de edad.

Su propuesta destaca por saber conjugar la monumentalidad y el carácter simbólico que debía caracterizar a un edificio institucional con la distribución funcional y racionalista de los espacios. Con la colocación de la primera piedra el 12 de septiembre de 1907 quedaban inauguradas las obras, que no finalizarían hasta 1918.

El edificio impresiona por sus dimensiones, y por su imponente formalización externa, que combina diferentes influencias historicistas. Destaca su gran fachada principal de piedra caliza que se adapta al trazado circular de la plaza, con dos torres pentagonales que la flanquean y con dos alas laterales. Corona el edificio un cimborrio octogonal provisto de un reloj que, al igual que el resto de cuerpos verticales, remata en una crestería con pináculos.

Uno de los espacios más interesantes es el vestíbulo principal, al que se accede desde el exterior por una grandiosa escalinata. Con planta cruciforme, tres niveles de arquerías de medio punto y cubierta acristalada. En este espacio estaban ubicados los servicios de Correos, Telégrafos y Teléfonos; mientras que en la denominada Sala de Batalla se organizaba el reparto de la correspondencia.

En el año 2003 el inmueble fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid y desde 2007 es la actual sede de la alcaldía. Para adaptarlo a sus nuevos usos se llevó a cabo un ambicioso proceso de remodelación que incluyó la creación de nuevos espacios de uso público, salas de exposiciones y auditorio, y la colocación de una impresionante cubierta de cristal sobre el pasaje de Alarcón y el antiguo aparcamiento.

El proyecto permitió recuperar algunos elementos arquitectónicos originales como las vigas de hierro, en cuyo diseño colaboró Ángel Chueca Sainz, los suelos acristalados de las pasarelas que recorren el vestíbulo principal o el tragaluz y los volúmenes de la antigua Sala de Batalla, hoy transformada en Salón del Pleno. Asimismo ha permitido poner en valor buena parte de su decoración, como los azulejos de la casa Manuel Ramos Rejano o los motivos escultóricos que Ángel García Díaz realizó tanto para el interior como para la fachada.